Reblujos, desorden, amores, sexo, desprecio, tristeza, negaciones, todo lo que hay tras abrir una puerta de madera vieja...
lunes, 19 de septiembre de 2011
domingo, 18 de septiembre de 2011
¿Una reflexión?
Sonreír significa que a pesar de las adversidades le vemos el lado positivo a la vida... Ser fuerte es enfrentar las situaciones con la madurez suficiente para no llorar y no dejar de sonreír.
martes, 13 de septiembre de 2011
Sinfonía del aullido I
Estaba sentado sobre la cama. Miraba la noche a través de la ventana. Mi cuarto no era el lugar más acogedor, pero era el único en toda la casa desde donde se podía ver la luna en su mejor esplendor. Llena.
Las nubes se destaparon, y la luna enorme, blanca, resplandeciente y confidente se dejaba ver por mis ojos, que palpitaban de excitación. Empezó a dolerme el pecho, el corazón empezó a darme vuelcos. Palpitaba tan deprisa y tan duro, como si se tratara de un redoble de batería en una canción de rock. Y entonces, también, me empezó a doler la herida, esa que me había hecho en el brazo días atrás y no recordaba como.
Mis ojos se enfocaron en la esfera brillante que mi consciencia ya no reconocía. Mi razón me explicaba que se trataba de la luna, pero mis ojos no la distinguían, no eran más que una mancha a lo cuál mi cuerpo respondía. Sentí miedo de repente.
Una tela roja se disperso en toda la habitación, ¿o eran mis ojos que ya no veían?... no supe más, estaba como dormido, pero despierto, escuchaba de repente los grillos y el viento chocar con los arboles. Olía el más dulce aroma que jamás había olido, no era conocido, no, era como oler carne de cerdo sin cocinar, pero más apetecible. Era fresco, delicioso.
Mi cuerpo, no respondía a mis pensamientos, solo a su entorno, a esos olores y sonidos, mi razón me indicaba que algo me pasaba, pero mi espíritu parecía disfrutar de todo ello. Estaba tranquilo. No me perturbaba.
Escuche un grito. No, ya no era solo un grito, eran dos, eran quejidos. ¿Era mi madre la que gritaba?, ¿era mi padre el que luchaba?, ¿qué estaba pasando allí dentro?, ¿por qué no podía moverme?... La boca me sabía a sangre, a metal, a oxido, me sabia tan desagradable, pero me satisfacía, me llenaba, me generaba una paz en el alma que no conocía.
Y entonces, no volví a escuchar nada, hasta muy entrada la madrugada, que desperté en mi cama, desnudo, con dolor en el cuerpo, y con una especie de salpullido. Con la encía irritada me levante como pude, mareado, con nauseas, y me puse un short. No me sentía para nada bien, era como si recién hubiese terminado de beber una botella de Ron yo solo.
Me dirigí al cuarto de mis padres, mientras me acercaba a su puerta semiabierta, en cada paso que daba, mi cerebro reproducía esos gritos con los que me había soñado. Abrí la puerta invadido de ansiedad y preocupación...
No le di merito a lo que mis ojos veían. Las paredes salpicadas de sangre, la cama desordenada y rasguñada, y los cuerpos de mis padres, allí tirados, cerca de la puerta del baño, carentes no solo de vida, de dedos y extremidades, incompletos y mordisqueados. La mancha de sangre parecía revuelta, estregada por todo el suelo, incluso parecía: ¿lamida?. Me mire las manos, y mi razón me hablaba mientras temblaban «Sí, ese has sido tú». Caí sin más, presa del pánico.
jueves, 1 de septiembre de 2011
¿Sabias qué?
Un estudio llevado a cabo en ratones encontró que los animales que habían dormido en forma fragmentada tuvieron más problemas para reconocer objetos familiares que quienes durmieron sin interrupción.Los estudios han mostrado que el cerebro utiliza las horas de sueño para evaluar los eventos del día y decidir cuáles son los que va a mantener.
martes, 30 de agosto de 2011
Delirio I
El vacío ya no hace parte de mi; se ha exteriorizado y conforma todo el escenario que me rodea, me incorporo en una realidad alterna donde no hay espacio para los acontecimientos diarios y sólo los más relevantes sucesos toman un lugar en la historia. Dejo de ser presa de las circunstancias y comienzo a estamparlo todo a mi antojo.
Ya el tiempo no rige ni limita, sigue existiendo sin duda alguna, pero ha dejado de correr y ha colapsado para dejar que cada efímero momento, cada sentimiento -que en cualquier otro lugar se extinguiría poco después de ser descubierto- dure eternamente y se fusione con el espacio que me rodea. Estoy infinitamente lejos del mundo, reposando en la inmensidad del subconsciente que a veces me parece la parte más consciente del ser.
Dialogo: Milenium 3
—¿Estás enamorada de ella? —preguntó de repente.
Lizbeth Salander meditó la respuesta. Al final, negó con la cabeza.
—No. No creo que sea yo de las que se enamoran. Era una amiga, y la pasábamos muy bien en la cama.
—Nadie puede evitar enamorarse —dijo él—. Tal vez uno quiera negarlo, pero es posible que la amistad sea la forma más frecuente de amor.
Ella se quedo mirándolo perpleja.
Stieg Larsson.
viernes, 12 de agosto de 2011
¿Sabias qué?
La exposición a las mascotas en cualquier momento después del primer año de vida pareció no tener ningún efecto sobre el riesgo de alergia. Los investigadores sospechan que la exposición temprana a alérgenos de mascotas y bacterias relacionadas con éstas fortalece el sistema inmunológico.
domingo, 31 de julio de 2011
La superación del abatido.

Entre el arrepentimiento y la culpa, revivo de nuevo las imagenes que alimentan el dolor, sí, esas, que a otra persona harían sonreír, simplemente por su sencillez y su aliento inmerso en esos besos, en esas caricias, y en su tenue sonrisa.
Entre el arrepentimiento y la culpa, hago cosas que debí hacer, como escribirle un poema sincerando la emoción, la conciencia y el corazón...
Yo nunca pensé volver a revivir éste episodio. El de toda mi vida, el episodio donde termino así, desesperado soñando lo que debía pasar, cuando era tan fácil demostrar lo que sentimos, pero que el orgullo no permitió ilustrar.
Entre el arrepentimiento y la culpa, hago cosas que debí hacer, como escribirle un poema sincerando la emoción, la conciencia y el corazón...
Yo nunca pensé volver a revivir éste episodio. El de toda mi vida, el episodio donde termino así, desesperado soñando lo que debía pasar, cuando era tan fácil demostrar lo que sentimos, pero que el orgullo no permitió ilustrar.
miércoles, 27 de julio de 2011
Monólogos de un niño 3 (Final)

El niño había vuelto a casa, acurrucado aún lado del espejo, no paraba de llorar. No era posible que fuese tan estúpido. Ya su mamá lo dejaba salir a la calle solo, hasta las ocho de la noche, como era posible entonces su incompetencia y su inmadurez... Ya era un niño hecho y derecho, no lo concebía, y así mismo, sus ojos no paraban de llorar.
—No te preocupes —rompió el silenció incomodo el reflejo. Quien ahora parecía sentir pena por el pequeño—, la esperanza es lo último que se pierde.
—Pero se pierde al final y al cabo. En cierto punto, hasta la esperanza deja de existir —dijo el niño aún con su cabeza metida entre los brazos y pies.
—Bueno, al menos deja de llorar, eso no sirve de nada —dijo entre dientes el espejo exasperado por el llanto del pequeño, con una mezcla de pena, también.
—Claro que sí.
—¿Si...?, ¿para qué? —era la primera vez que el reflejo parecía tener curiosidad.
—Para llenar el vaso en el que me voy ahogar —dijo el pequeño destapándose la cara y mirando fijamente al espejo, que soltó un sollozo de negación.
—Por eso las personas no te ayudan, eres un idiota.
El niño por primera vez sonrió y asintió con la cabeza.
—Discúlpame —dijo segundos después.
—No entiendo... yo vi como sonreías junto con ella, observe todos esos momentos magníficos que pasaste a su lado. ¿Por qué llorar?, ¿Por qué deprimirse?, no decía Gabriel Garcia Marquez, que había que sonreír por lo bueno que te sucedió mientras lo viviste con ella.
—¿Conoces a Marquez? —preguntó el niño sorprendido, a lo que el reflejo miro con seriedad y le frunció el ceño desaprobando sus palabras—, bueno, pues por eso mismo lloro.
—Sigo sin entenderlo.
—Porque cuando recuerdo todo lo bueno, no puedo sonreír sabiendo que esas experiencias se viven una sola vez... con una sola persona: Ella.
El espejo enmudeció y de tanto pensar la respuesta, se hizo una grieta cerca a su borde. Ese niño, tenía una mente tan compleja, que era él mismo quien acababa con sus propias esperanzas, opciones, y decisiones, «era tal cuál como yo, cuando desperté con el espejo roto en mi habitación, después de que ella se marchara sin decir adiós —pensó el reflejo—, niños, siempre seremos unos niños...»
—Algún día volverá —dijo finalmente el reflejo.
—Eso espero, de verdad —contesto el niño mientras se levantaba del suelo.
—¿A dónde vas?.
—Hacer lo que dejaste de hacer tú hace mucho tiempo.
—¿Qué cosa? —preguntó de nuevo sorprendido el reflejo.
—Intentar seguir viviendo.
Monólogos de un niño 2

El niño regreso al cuarto donde se encontraba el espejo después de haberlo abandonado entre lágrimas la última vez que lo visito. Lo miro fijamente, se veía así mismo, con los ojos hinchados, con el cabello alborotado y con los jeans rotos.
—¿Viniste a seguir llorando? —salió de nuevo una voz a través del espejo.
—¿Quien eres tú? —preguntó el niño con curiosidad.
—Debo explicártelo de nuevo.
—Si no eres yo, ¿quién eres?
—Si no eres yo, ¿quién eres?
El espejo enmudeció, y frunció el ceño.
—Tú no estabas antes de que ella se fuera —dijo el niño.
—¿Y? —el reflejo ahora se había puesto serio.
—O estoy enloqueciendo, o eres lo que queda de ella.
—No me hagas reír.
—Tú... eres mi más grande recuerdo.
—¿Cómo? —preguntó sorprendido el reflejo.
—Sí, eres lo que yo una vez fui cuando estaba a su lado. Ahora entiendo lo que debo hacer.
—¿Y qué debes hacer niño llorón? — parecía molesto el espejo.
—Hablar con ella, y decirle, que su decisión está errónea, que yo puedo hacerla más feliz que cualquier otra cosa en la tierra.
El espejo reía a carcajadas mientras el niño corría a la calle «niño —pensó el espejo— siempre serás un niño». De tanto, el pequeño niño atravesaba las avenidas, las casas, los parques y las estaciones, hasta llegar a una enorme puerta donde sus lágrimas se habían secado ya. Toco el timbre y espero agitado, con el corazón en el pecho.
—¿Qué haces aquí? —dijo una niña en cuanto abrió la enorme puerta.
—Necesitamos hablar.
—Dijiste que eso no era necesario —se defendió la niña.
—Dijiste que eso no era necesario —se defendió la niña.
—Bueno, realmente dije mil cosas a las cuales nunca prestaste atención —la niña enmudeció—. Te amo.
—¿Enserio?...
—¿Enserio?...
—No.
—Estúpido... —dijo la niña con las cejas fruncidas hasta hacer una "V".
—Por tu sonrisa —dijo el niño interrumpiendo con una amplia sonrisa.
—¿Enserio?...
—No.
—Eres un miserable —dijo la niña con los ojos aguados.
—Ahora sí.
—Siempre lo haz sido.
—Antes no, cuando estaba contigo eran otros los miserables. —Volvió a sonreír ampliamente el niño.
—Vete de aquí, no se ni a que viniste.
—Vine por tí.
—¿Para qué? —dijo la niña tajantemente.
—Para verte sonreír otra vez.
Se dibujo una pinturesca sonrisa en aquella niña, que inmediatamente desaparecía mientras azotaba la gran puerta de su casa, sobre la nariz del pequeño, que al impacto con la puerta, empezó de nuevo a derramar lágrimas. Otra vez, lo había arruinado.
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