domingo, 8 de febrero de 2015

Vuelve Atrás


Hoy recordé mi vida años atrás, cuando tenía entre 13 y 16 años. Yo era un chico escuálido y pequeño que fingía ser solitario para llamar la atención de las damas que imaginaba yo, serían princesas en mi historia de amor prematura. Táctica que en realidad nunca funcionó, y a pesar de ello era feliz. Quizá todos tengamos esa sensación en algún momento de nuestras vidas, que de pronto ya pasaste por la adolescencia, y dejaste en el camino: los noviazgos infantiles, las fiestas en terrazas o en casas de padres que se iban de viaje, juegos de botella, o la verdad y se atreve donde el reto más difícil era besar a la que considerabamos fea -que años después mejoraba rotundamente, y en otros casos, bueno, al menos hoy en día tiene salud-, y aunque no supiéramos besar, era la hazaña que contábamos al llegar el Lunes a estudiar. Tanto como la emoción por beber alcohol o fumar. Dejar atrás las peleas de barrio, y los mitos de la masturbación, el sexo, y los misterios de la correa con la que tus padres te castigaban. 

Estoy seguro, que al recapitular tus escenas del pasado, donde nuestro mayor problema era trigonometria, la nomenclatura en química, y el rechazo de tu vecina, puedes sentir que ahora el tiempo no pasa como en ese entonces. Que ahora es más voraz y mucho más ligero, donde nuestras preocupaciones conceptuales son más complejas y donde el existencialismo se apodera de nosotros al preguntarnos "Que queremos hacer de nuestras vidas". 

Estoy seguro, entonces, que la nostalgia y el deseo de volver atrás es innegable, aún más si durante estos pocos años que pasaron, el dolor, la ausencia y la perdida se arraigan con más fuerza en nuestro corazón. Sin embargo, ignorando aquella sensación de desespero que puede producir crecer, el tiempo y la vejez, algo nos quedó de ello. De ese pasado que se convierte en anécdotas y mitos; donde no recordamos si algunos sucesos pasaron de verdad. Esa linda sensación que en algún momento poseímos: la inocencia, la ingenuidad, y el profundo placer de haber vivido de la simpleza que hoy en día, durante la adultez y lo que nos falta de ella, necesitamos para entender que la complejidad de la existencia no está más allá de nuestra propia mente. Donde la verdad es que vivir, es una acción tan simple como cualquier otra. Es abrir los ojos y sentir que todo es posible. Sentir esa emoción que nos invadía cada fin de semana cuando eramos chicos: Estamos vivos. 

Genesis

"En el mismo comienzo del Génesis está escrito que Dios creó al hombre para confiarle el dominio sobre los pájaros, los peces y los animales. Claro que el Génesis fue escrito por un hombre y no por un caballo."
Kundera 

martes, 3 de febrero de 2015

¿Sabias qué?

Fotografia tomada por la National Geographic

Un estudio en Murray, Australia, sobre las tortugas concluye que los embriones sincronizan su eclosión, es decir el momento en que saldrán de sus huevos, lo harían al mismo tiempo, para evitar que las tortugas más pequeñas salgan solas y sean atacadas.

lunes, 2 de febrero de 2015

Por siempre una loca

Ella no sabe en que momento lo hizo, pero cuando volvió en sí, ya iba por el segundo corte. Nunca pensó que podría llegar a hacerse tanto daño, a la vez sintió cierto descanso así que lo siguió haciendo, y cada día necesitaba de esto para sentirse bien. Hasta que llegó el día en que se cortó tan profundo que empezó a desangrarse poco a poco, cuando la encontraron ella ya no respiraba, su corazón había dejado de latir y quizás ella por fin descanso de todo lo que la atormentaba. 

Karol Henao

Volver Atrás

"Te amo, pero no puedo volver atrás por ti" Excusas mariconas para quien no lo quiere a uno. Si uno ama, eso no sería volver atrás, sino ir adelante con quien uno quiere. 

viernes, 30 de enero de 2015

Siguiendo adelante...

Fotografía por Gales Mit

Todo el mundo habla de seguir adelante cuando pierde un familiar, un ser querido, o un amor. ¿Pero qué es seguir adelante? Es una pregunta que tal vez a las personas les parezca estúpida; que "seguir adelante" es sólo como dicen los Colombianos promedios "echar pa' delante", pero no saben ni la más remota idea en que momento continuaron sus vidas. Por ejemplo yo que he vivido perdidas de todo tipo: familiar, gato, perro, seres queridos y el único amor que he vivido, yo que me he enfrentado al vacío existencial como muchos más, podría cuestionar rotundamente aquella frase de mierda que dice: "Más adelante lo olvidarás", cuando no recuerdas en que momento siquiera continuaste adelante... 

Y sí, yo he seguido adelante como todos ustedes. Yo continúe con mi vida, Con mi carrera profesional, interactuando, conociendo nuevas personas, deje de fumar cuando me preocupe por mi salud, me volví más fuerte y decidido. Deje el miedo, conserve mi personalidad y seguí follando, abrí mi corazón para que alguien más lo ocupara y deje de extrañar a quienes ya habían muerto. Y sin embargo, no siento que este caminando hacia delante, que esté "echando para delante" y mucho menos que esté olvidando. Yo aún conservo cicatrices que me duelen a pesar de los años, y me frustró de aún conservar recuerdos por el temor de perder lo único que me maravilla de aquella persona que tanta vida le ofreció a mi corazón -metafóricamente hablando, no es que me haya resucitado o sea una cardiologa-. No, me parece que no debemos olvidar nada de lo que hayamos vivido, hay que aferrarse a esos recuerdos como si fueran un tesoro invaluable. Porque no vivimos las cosas para olvidarlas, las vivimos para conservarlas. La vida es efímera, y lo único que podemos llevarnos a la muerte es cada sentir que conservamos al pensar en todo lo que un día vivimos.

Cuando perdemos a un ser querido lo primero que deseamos es dejar de sentir dolor, asimilar rápido su ausencia y continuar con la vida como si nada hubiese ocurrido. Y en realidad funciona, debido a que la vida que llevamos sólo nosotros podemos llevarla. No el que se murió, no el que está muerto, o no el que nos abandono de infancia y nos dejo el trauma de la ausencia. Sin embargo, conservar a esa persona dentro nuestro, permitir que las palabras que un día dijo aún dialoguen con nosotros en pequeños momentos de confusión siempre aclararán aún más el camino. Más importante, aclararan nuestra mente.  

Ahora bien, cuando perdemos un amor, si aún conserva ese sentimiento, lo mejor no es abandonar la idea y aceptar como dicen tus amigos la perdida. No. En absoluto. A la mierda los consejos de siempre. Cuando se pierde un amor y aún lo conservas muy dentro tuyo, tienes que seguir luchando, porque las palabras no son suficientes sino están acompañadas de acciones que den valor a tus aspiraciones. En el amor, es mejor morir en la guerra, que evitar el conflicto. Es mejor, dejar de ser esa persona que termina un día casado con un amor faternal o maternal, un amigo más que te lleva a la cama y te toma de la mano, carente de pasión, de conflictos, de resentimientos, y de profunda admiración. Eso no es amor, eso es una vida hecha sin arte, sin valor, pretendiendo la tranquilidad, pero sin sentir la excitación de estar vivo.

Para mí, lo más importante en la vida no es seguir adelante, adelante vas a seguir porque el tiempo es una linea recta sin pausas y sin retorno. Nada que hacer. Sin embargo, lo más importante es que en realidad aquello que esta dentro de ti, lo sientas cada día al abrir los ojos y te permita cuestionar todos los días quién eres. Así entonces, cada mañana descubrirás que te has convertido en alguien diferente... Alguien que un día vera su vida con nostalgia, admiración y satisfacción. 

jueves, 22 de enero de 2015

El Romance Tergiversado

Romeo y Julieta fue escrito originalmente como una sátira para representar todo lo que está mal con el amor joven y las cosas irracionales que esas creencias románticas pueden obligarte a hacer, como beber veneno porque tus padres no aprueban a la chica que amas. Pero de alguna manera consideramos esta historia muy romántica. Es este tipo de idealización irracional lo que lleva a la gente a quedarse con parejas abusivas o negligentes, a renunciar a sus propias necesidades e identidades, a creerse mártires imaginarios que son perpetuamente miserables, suprimiendo su propio dolor y sufrimiento para mantener una relación “hasta que la muerte los separe”.

miércoles, 21 de enero de 2015

Corazón

Atribuirle al corazón sentimientos es una muestra de espíritu, de arte y de simbolismo sublime. El corazón es el órgano cuya responsabilidad se ve en todo el cuerpo. Sin corazón no hay mente, por eso todo buen sentimiento nace allí. En el lugar donde no se razona. 
Hay una diferencia abismal entre la mente y el corazón. El corazón nunca se plantea el abandono, el dolor, el sufrimiento, el miedo o la soledad y la mente si.

martes, 13 de enero de 2015

¡2015!


No se que escribir. Porque todas mis palabras se han ido contigo. Sin embargo después de tantos años algo quedará y vengo a explorarlo nuevamente. 

sábado, 5 de enero de 2013

Un hombre Incrédulo VIII

«Una eternidad espere, esté instante —Lilyth tenía los ojos clavados en los míos, mientras cautelosamente sólo me acercaba a su cuerpo mientras cantaba la canción de Soda Stereo en mi mente—... Come de mí, come de mi carne».

El cabello rojo de Lilyth la joven presa atrapada en el cuarto de un hombre desesperado, necesitado, molesto y resentido. Atrapada en mí propio cuarto. No iba a salir de allí, hasta que la oportunidad que me había fabricado —o quizá lo había hecho ella con excelente sutileza—, se solventara por completo. Y para hacerlo, debía estar desnuda frente a mí.

La sujete del rostro, ella no opuso resistencia. Paseé mis dedos por sus mejillas y escondí un mechón de su teñido cabello rojo detrás de la oreja. Sus ojos no parpadeaban y seguían fijos en mi mirada sin atreverse a decir nada. Me incliné y besé sus labios rojizos  Mis manos se deslizaron por su cuello hasta la cintura. La sujeté con fuerza, mientras podía sentir como sus manos se sujetaban de mi cuello. La besaba con los ojos cerrados, y aunque por mí mente pasará la imagen de varias mujeres las cuales deseaba, anhelaba y soñaba, sabía que tenía frente a mí, una joven impertinente de cabello artificial rojo. 

—¿Qué haces? —me preguntó Lilyth mientras separaba sutilmente su boca de la mía.

—Te beso —le respondí y acerqué mi cuerpo al suyo—. Y ahora pienso seducirte hasta que estés completamente desnuda.

—Creo que tu beso ya me ha seducido —respondió ella con una sonrisa y las mejillas ligeramente ruborizadas.


Me acerqué más ante la clara señal verde, y con mis manos paseé la parte baja de su espalda. Deslicé mis labios por su cuello, y pude sentir como mis pantalones empezaban a encogerse. Estaba ansioso y mis besos claramente lo demostraban cada que llegaban a su boca ligeramente abierta. Conocí su lengua, y después de mucho tiempo, disfrutaba de ello. De un excitante beso. 

—Detente —me pidió Lilyth—. Creo que esto no está bien. 

—No, no lo está —le respondí cuando deje de besarla—. Es mucho mejor si estamos en la cama —y ligeramente la acosté sobre ella con fuerza y determinación. Deje caer mi cuerpo sobre el de ella y mis manos se deslizaron por todo el jean acariciándole las piernas y los muslos. 

Lilyth tenía el cuerpo tenso, pero los ojos cerrados, dispuesta a entregar también su propio placer a un joven desconocido. Ese hombre que afortunadamente era yo.

—Facundo... —me susurró al oído cuando mis manos acariciaban sus senos debajo del escote. 

Ignoré su suplica y baje mis dedos hasta su entrepierna. Estaba jodidamente caliente y deseaba a esa pelirroja mujer. Quería estar dentro de ella, disfrutar de las mieles de su cuerpo. Quizá no tan perfecto como la sombra de Eva que me perseguía, pero era una mujer como todas. Quizá no tan hermosa, pero con la belleza natural que un hombre como yo, puede esperar.

—No aguanto más —le dije cuando su escotada blusa blanca ya estuvo bajo mis pies. Cuando ya sus senos desnudos me pedían ser besados. Y ella, con los ojos cerrados, tenía una expresión en el rostro bastante satisfactoria, lo suficiente, cómo para que yo no me detuviera. 

Me desabotoné el Jean.

«Come de mí, come de mi carne» tarareé junto a la voz de Gustavo Cerati.. 

sábado, 8 de diciembre de 2012

Un hombre Incrédulo VII

Le mordí el labio inferior después de haber rosado con mi boca todo el contorno de esos rojizos labios, sin antes, haber disfrutado de su prudencia. Lilyth tenía los labios suaves, delicados, sabían a cereza. Pero el beso, más que apasionado y una entrega de deseos, fue más bien, otra herramienta para conocernos; especulativo. 

—No me malinterpretes —dijo cuando sus ojos abiertos no me quitaban la mirada de encima. Estaba sorprendida—. Pero esto no es lo que yo estaba buscando.

No dije nada. Me alejé y abochornado fui incapaz de mirarla. Ya me había pasado por segunda vez. Pero era extraño, está vez, no era Eva quien causaba mi vergüenza. Era una mujer de cabello teñido en rojo, una mujer que mal interprete, una mujer que no esperaba mi beso.

—Lo siento —dije y me levanté.

Apagué la música.

Soda Stereo hizo silencio...

Sentía la mirada de Lilyth clavada en mi espalda. Me quedé allí un minuto de píe frente al reproductor, esperando que mi cabeza creara una solución rápida a tan incomoda situación. Alguna excusa; alguna mentira.

—Los hombres siempre creen que las mujeres que los mira directamente, desean ser besadas —continuó. Yo no la miraba—. Pero no se dan cuenta, que cuando una mujer mira directamente a un hombre, es que intente escrudiñar su alma.

«Al final, también es como ella. Estúpidamente poética» pensé imaginándome un rubio cabello, unos ojos claros, una boca perfecta, con una excelente medida, donde su simetría no le quitaba protagonismo al resto de su cara. Estaba pensando que aquella joven pelirroja era la mismísima Eva. Al final, entendía porque razón, me creía esa tonta excusa de que eran tan buenas amigas.

—Algunos hombres, tenemos pocas pretensiones de galanes —le respondí, cerrando los ojos, y meditando una a una las palabras que deseaba exponer—. Algunos hombres, simplemente deseamos recuperar todas las oportunidades que un día dejamos ir...

—Y algunas mujeres buscamos lo mismo —sentí su cuerpo aproximarse al mío por la espalda—. El problema no es ese —sus manos atravesar el costado de mi pecho presionando de nuevo el botón que daba inició a la música en mi reproductor, mientras yo, intentaba ignorar tan sensual acercamiento—. El problema, es que algunos hombres se obsesionan fácil con algunas mujeres; con algunas mujeres que dan señales de simpatía.

Ella lo sabía, y yo no lo sabía; más bien, yo no lo admitía  No admitía que así como alguna vez me enamoré y me obsesioné con esa mujer de mi pasado, creyendo aún, que las cosas volverían hacer igual después de tanto daño, así mismo, me obsesioné con una hermosa mujer, que una vez mostró un gran interés. Y ahora, estaba yo obsesionado con Lilyth, con una pelirroja, con una desconocida...

¿Era un loco obsesivo?, esa imperiosa necesidad  de desnudarla, ese imperioso deseo por besarla y tocarla, lo explicaba mi absurda obsesión por mujeres extrañas. Quizá la loca era ella, que busca a un hombre al que a duras penas sabe su nombre.

—Lo siento —volví a decir aún más avergonzado que antes, mis pensamientos no ayudaban mucho.

Ignoré sus manos al costado de mi cuerpo manipulando la música y cerré los ojos.

—Debes dejar de disculparte —respondió instantáneamente—. Eva me había dicho, que eras una persona directa... ¿Ya no te queda nada de eso?

Me sentí vulnerado.

«Menuda mierda». Ahora simplemente estaba quedando como un hombre patético. Y definitivamente, esa no era una imagen de mi mismo, que aceptará con facilidad.

Me giré. La vi directamente a sus ojos que me observaban muy de cerca. Sus ojos eran miel, no eran muy claros, pero penetrantes, frívolos. No trasmitían nada. A un así no iba a perder mi seguridad. No ahora que estaba encabronado. 

—Déjalo allí —le dije cuando había puesto una canción más de Soda Stereo con sus manos aún costado de mi cintura—. Esa canción me encanta. 

Empezó a sonar en ese mismo instante "Entre Caníbales". 

Tarareé mentalmente intentado darme fuerza; fingía que la canción me daba apoyo. 

Dí un paso al frente. Ella retrocedió sin perderme de su fija mirada. No sonreía, y no parecía intimidada. 

—Yo había venido aquí a hablar de Eva —dijo de repente cuando estuve muy cerca, dispuesto a ser lo más directo posible. 

—Podemos hablar de ella después —sugerí mandando el fantasma de Eva a la mierda.