domingo, 24 de enero de 2016

El regreso de una Hermosa Mujer VI

El escape



Terminamos en su habitación, simple, pero cómoda. Sobre la cama desatendida, mis manos recorrieron el cuerpo desnudo de la chica. Su desnudes no era despampanante, pero tampoco eran esos cuerpos que no fuesen apetecidos. Me deleitaba recorriendo mi boca por toda su piel, sujetando con fuerza cada centímetro de sus caderas, mientras la luz que entraba por la ventana de la habitación, dejaban en evidencia las cicatrices, los lunares, la humedad y sus pezones. 

Tuvimos sexo con intensidad, podía notar en cada caricia, en cada beso, y en cada penetración, la ansiedad que esa mujer tenía por sentirse amada. Y yo, bueno, yo era un jodido arrecho. Qué más daba…

Al cabo de un rato, habíamos terminado. Estaba exhausto, y ella también. Incomoda no sabía qué hacer. De qué hablar, qué decirme, o cómo comportarse. Yo de tanto, sólo miraba el blanco techo, mientras en la sala de estar, seguía sonando música. Algo de la Maldita Nerea, no lo sé. 

El efecto de la marihuana ya había pasado. Fumamos un poco más, antes de que ella decidiera irse a dar una ducha. Me dejó solo en la cama. Y esa… esa era la señal. Mi oportunidad. Tomé su móvil del pantalón que había terminado en el suelo. Busqué el número de Eva, y lo trasferí a mi celular. Luego borré dicha evidencia. 

Me vestí, miré a la ducha donde el agua sonaba con fuerza. Me sentí mal, pero no era más que una chica de cabello negro. Luego la confrontaría, un mensaje, una llamada, alguna invitación. Excusas habrían siempre. Ahora, lo mejor era salir de allí. 

Caminé dejando atrás todo lo que había ocurrido. La cama, el cuarto, la casa, y a la chica. Me daba paso entre las calles, caminar me relajaba. Saqué los audífonos del bolsillo, los conecté al celular, y escuché música por un rato. Cuando estuve bastante lejos, decidí hacer una llamada. 

—Hola —contestó la voz de una mujer tan dulce, y a la vez segura. Sus simples palabras endulzaban mis odios. 

—Hola Eva —respondí. 

—¿Cómo has conseguido mi número? —preguntó enfadada. 

Reconocía mi voz. Eso debía significar algo. 

—Me lo dio tu amiga —confesé—. Digamos que me lo gane. 

Hubo un momento de silencio. Tal vez Eva estaría pensando que su amiga la había traicionado, o algo parecido. Sin embargo, ella era una persona absurdamente inteligente. Encontraría una buena teoría en su cabeza.

—¿Qué es lo que quieres Facundo? —dijo finalmente.

—¿Por qué no has colgado? —quise saber.

—Si lo hiciera, estarías llamando de nuevo hasta el cansancio. A veces resultas muy molesto —su voz sonaba tan irreal, tan cruda y sin alma, que me tembló el pecho. 

—¿Por qué me odias?

—¿En serio llamas a preguntar estupideces? —nunca había conocido ese temperamento tan severo en ella. Era tan diferente a la persona que conocí alguna vez. 

Me dolía.

—Oye —empecé, mientras seguía caminando por la calla sin que nada me importará—. ¿Qué diablos ocurre contigo? —empezaba a encabronarme su actitud. En mi mente, lo había imaginado todo tan diferente. 

—Estoy bastante ocupada ahora.

—Está bien —continué—. Te espero a las 8 de la noche en el viejo parque de la ciudad. ¿Lo recuerdas?

—Sí —contestó tajante. 

—Ese es quizá mi lugar favorito en el mundo. No llegues tarde —y colgué.

Caminé algunos metros más por la calle. Alex debió haberse percatado ya, de que me había ido. 
Suspiré. Le subí a la canción que estaba reproduciendo mi móvil. La Chispa Adecuada de Héroes del Silencio taponó mis oídos.

«Y ahora qué sigue Facu»… pensé mientras sentía el trajín del día en mi cuerpo. 

¿Sería posible que Eva se presentará a nuestro encuentro?, aún más importante… ¿Qué mierda iba a decirle cuando apareciera? 

sábado, 23 de enero de 2016

El regreso de una Hemrosa Mujer V

El descaro


Estaba en la banca de un viejo parque, cerca de la casa donde vivía hace un par de años. Miraba el cielo azul celeste, totalmente despejado. Pocas veces en la ciudad se veía tan increíble. Sentí la brisa del viento chocar con mi cabello, pegarme en la cara y recordarme lo esplendido que es estar vivo. 

Miré los viejos árboles, el parque no había cambiado mucho desde la última vez que había estado allí, tantos años atrás. Ese parque me había ofrecido muchas satisfacciones y oportunidades. Recordé el día que conocí a Eva, y me dieron ganas de fumar. Pero era un vicio que había dejado hace rato. 

Respiré profundo y controle la ansiedad.

—¿Llevas mucho tiempo aquí? —me preguntó la voz de la chica que estaba esperando.

—Hola Alex —negué con la cabeza. 

Ella se sentó a mi lado en la banca del parque. Miro las marcas que me habían quedado de la paliza, morados en el labio y el ojo izquierdo. Pero no me veía tan mal…o eso cría. 

—¿Por qué me has llamado? —preguntó.

—Tenía ganas de verte —mentí. 

Tenía un plan y después de un par de días, era mejor ejecutarlo antes de que fuese demasiado tarde. Aunque en el fondo de mi corazón, sabía que era una mala idea, y que en realidad la vida me estaba poniendo frente a mí, personas que probablemente valían la pena. Pero yo no era esa clase de persona que escuchaba a la vida, me había convertido en un hombre despiadado, corriente y caprichoso. 

Estuvimos una hora en el parque, hablando de pendejadas, tomamos unas cervezas, caminamos, nos sentamos en el pasto. Me di cuenta que vivía sola, que su color favorito era el amarillo, que amaba los perros, que su padre había muerto y que por esa razón, aunque ella no lo admitiera, siempre buscaba estar acompañada por un hombre. También supe de su ex pareja, un hombre miserable que la maltrataba psicológicamente. Pero eso sí, nunca mencionamos a Eva en nuestras conversaciones. Bueno, en fin. Alex, era una de esas mujeres atormentadas por la vida. Pero aquello, no me detenía, me importaba una mierda. Debía seguir adelante con mi plan. 

Mientras estábamos en silencio contemplando la naturaleza del parque solitario, ella sacó un porro de marihuana del bolso.

—¿Fumas? —pregunté anonadado.

Ella sonrió.

—¿Si no fumara traería esto conmigo?

Tan obvia como Eva, supuse que quizá por eso eran amigas. Debían entenderse tan bien, que probablemente eran de esas mujeres que se burlaban de la estupidez de los hombres.

Encendió el porro, le dio una calada y me convido. 

A pesar de haber dejado el cigarrillo y no haberme drogado por tantos años, acepte con verdadera emoción aquel cigarrillo natural, tan exquisito y aterrador. Fumé, una, dos, y tres veces… El humo que salía de mi boca, de su boca, me deleitaba. Me atrapaba en su telaraña mientras todo a mí alrededor se agudizaba. Mi boca, mis ojos, mi piel… Me quede viendo a Alex a los ojos miel, ella sólo reía. 

Tenía la marihuana ese efecto tonto en ella. 

—¿Qué pasa? —pero no le di respuesta. Simplemente la besé, allí sentados en el pasto. Mis labios sentían con intensidad los suyos. Eran gruesos pero tenían un sabor a vainilla mezclado con hierba. 

Ella abrió los ojos sorprendida después de que mi boca la hubiese dejado ir. 

—Creo que es mejor que me vaya —dijo.

—Puedo acompañarte —respondí sin dejarla de mirar fijamente. La intimidaba, y de eso me daba cuenta. Era algo que debía explotar. 

Ella avergonzada, no le quedó más remedio que aceptar.

El recorrido hasta su casa fue silencioso, el taxista nos miraba con disimulo por el retrovisor. En medio de mi traba, pensaba que él sabía que estábamos fumados, y conocía las negras intenciones por las cuales estaba yo acompañando a esa chica alta de cabello negro hasta su casa. Me ponía nervioso ese jodido taxista. 

Recordé por qué había dejado de fumar. Paranoia. 

El carro se detuvo. Respiré. Me tranquilice. Nos bajamos. Vivía en una casa de un solo nivel, a media hora de la casa de mis padres. Quizá a cuarenta minutos de mi apartamento. Técnicamente seguía siendo el sur de la ciudad. 

—¿Puedes regalarme un vaso con agua? —le dije. La excusa perfecta para permitir que el taxi se marchara y la pudiera acompañar hasta la puerta.

Ella asintió con la cabeza. Entramos a su casa, era lujosa. Tenía una sala con muebles que hacían una L, jarrones y estatuas. Más al fondo estaba el comedor, una mesa redonda de madera con sillas también de madera alrededor. Caminé con cautela, tenía curiosidad quería ver todo el lugar mientras ella iba por el vaso con agua a la cocina. 

—Aquí tienes —me tendió el vaso con agua.

Le di un sorbo, la miré y luego al equipo de sonido que estaba en la sala.

—¿Puedes poner algo de música? —le pregunté.

Ella sonrió. Al parecer, ya se había percatado que no estaba allí sólo por un vaso de agua. Sin embargo, Alex continuó y encendió el equipo de sonido. Puso la música que le gustaba. 

He pecado de Cabas empezó a sonar con el volumen muy alto. Deje el vaso con agua en la mesa de estar, cerca de los muebles. Me paré frente a ella y la besé de nuevo. Mordisqueé su labio inferior, mis manos la sujetaron por la cintura y la pegué a mi cuerpo. Estaba excitado. Nuestras lenguas se entrelazaron y mis manos empezaron a subir por su espalda. Volví a jugar con su boca y mientras tanto mis manos bajaban hasta sus nalgas. 

La recosté a una de las paredes de la sala, sólo éramos ella y yo en su casa. Me sujeto las manos con fuerza y apartó su rostro de mi cara.

—¿Por qué haces esto? —me preguntó.

Yo sonreí. 

—Si quieres saberlo, deberíamos ir a tu cuarto.

Alex se quedó un minuto mirándome, pensando quizá lo que debería hacer. ¿Qué era lo correcto?, pero tome sus manos y la pase por mi abdomen, por mi cintura, y la besé de nuevo. 

Yo no le daría tiempo para pensar. 

viernes, 22 de enero de 2016

El regreso de una Hermosa Mujer IV

Desconcierto


Me dolía todo. La cara, el cuerpo, la dignidad, todo… Tenía sangre seca en la nariz, los labios y el mentón. Antes de abrir los ojos acaricie mi cara con los dedos, tenía el pómulo del ojo izquierdo inflamado. 

«Que mierda» pensé mientras recordaba la idiotez que había hecho. Eva tenía razón, yo no había cambiado nada. Sólo pretendía ser quién no era. 

Abrí los ojos. Y la oscuridad no desaparecía, todo se veía nublado y borroso. Aún era de noche, la ausencia de vida era evidente. No sentía ni un alma cerca. ¿Cuánto tiempo había estado desmayado? Volví a cerrar los ojos para sentí cada fibra de mi cuerpo maltratado. Sentía el tronco de un árbol en mi espalda, y estaba sentado. Alguien me había ayudado. Me asegure en medio del dolor, la ceguera y la somnolencia que nadie me hubiese robado. Las llaves, la billetera y el celular seguían conmigo.

Con dificultad volví abrir los ojos. 

—¿Estás bien? —me preguntó asustada la chica de cabello negro, sentada de rodillas frente a mí. La imagen de su rostro y su cabello despeinado se hacían más nítidas.

Lo admito. No era la mujer que esperaba ver al abrir los ojos. En realidad no esperaba a nadie al abrir los ojos. Pero me sorprendió ver sus ojos miel frente a mí. Me observaban fijamente y con preocupación. Había decidido ayudar a un completo desconocido, y yo… yo sólo me preguntaba si Eva estaba con ella. 

La busque a los alrededores, pero no veía a nadie. Luego volví a fijar la mirada en ella, tan desconcertada y abrumada.

—Ella se fue —dijo con la voz muy baja. Como si aquello le doliera. 

Yo sonreí con las pocas ganas que tenía.

—¿Tú por qué sigues acá? 

—No iba a dejarte allí tirado, cuando te pedí venir con nosotras —hizo una pausa y se levantó del piso donde había estado junto a mí por un rato—. Además quien puede dejar a otra persona allí tirada desmayada. 

—Eva, por ejemplo —respondí con desdén. 

La chica de cabello negro no dijo nada. 

Volví a sonreír. 

—Gracias —le dije mientras intentaba ponerme de pie. La chica me tendió la mano y me ayudo a levantarme—. Perdón por hacer de tu noche un drama. 

Ella sonrió conmigo.

—Resulto ser emocionante después de todo —bromeó. 

La mire y claramente vi una oportunidad para volver a ver a Eva. Su amiga, quizá una de las más cercanas. ¿Pero, sería capaz de hacer yo algo así? ¿En esto me había convertido?

—¿Cómo te llamas? —le pregunté mientras revisaba que todo en mi cuerpo estuviese en orden. 

—Alex —respondió con un poco de alegría. 

Había roto la regla, no involucrarme, no saber su nombre, no interesarme en lo más mínimo por su existencia. Pero era lo menos que podía hacer, se había compadecido de mí, se había quedado para ayudarme. Bueno, al menos debía saber cómo se llamaba. ¡Ah, y claro!, era la amiga de Eva. Necesitaba saber cómo se llamaba… 

Sí, en eso me había convertido.

—¿Facundo verdad? —dijo.

Asentí con la cabeza. 

—¿Por qué te odia Eva? —me preguntó con curiosidad mientras caminábamos sin ningún rumbo. 
¿Qué pretendía acaso? 

—Es una pregunta que deberías hacerle a ella —miré al piso más que frustrado, abochornado. Alguna vez había pensado que entre ella y yo había algo más. Pero no era cierto, era mi invento. Sólo perdía el tiempo. Siempre lo había sabido en el fondo. 

¿En qué momento empecé a desagradarle tanto? 

—Lo siento —se disculpó Alex la chica de cabello negro, entendiendo mi lamentable expresión. 

—No te preocupes — quise aparentar tener todo bajo control y le sonreí, como si de verdad estuviese encantado de compartir esa corta caminata con ella—. ¿Te volveré a ver? —le dije, siguiendo esa pantomima. 

Alex sonrió, continuó caminando a mi lado, y antes de separarnos apuntó su teléfono celular en el mío. 

jueves, 21 de enero de 2016

El regreso de una Hermosa Mujer III

Miedos


La mano derecha de Eva golpeó mi mejilla con tanta fuerza, que podía sentir todos los años de resentimiento y frustración. Sus ojos azules destallaban un cielo vivo, me miraban fijamente. No titubeaban, ni antes, ni después de haberme abofeteado. De pronto, su amiga no importaba. No existía allí. No estaba. Sólo éramos ella y yo en medio de una calle del sur de la ciudad con los faroles de los carros pasar por nuestro lado. 

Estaba a punto de decirle todo lo que llevaba dentro, lo bueno, lo malo, lo emocionado que estaba de verla de nuevo cuando un vehículo me interrumpió pasando muy cerca de nosotros.

—Eso es mami. Dale más duro a ese idiota —gritó un hombre desde la ventanilla trasera del carro. 

«¡Idiota!» pensé.

Sonreí con soberbia. Y siguieron una secuencia de malas decisiones. No entendía muy bien porque actuaba de esa manera en ese momento, pero era un impulso, y hace muchos años esa era mi filosofía de vida. Convertir mis impulsos en hechos. Así había logrado sobrellevar la soledad y mantenerme un poco de motivación para encontrar esa persona que le diera la emoción que perdió mi vida.

Sí, no debí haberlo hecho.

Le arrebaté de las manos a la chica de cabello negro la botella de Ron y se la arrojé a los hombres del carro. La botella se quebró en mil pedazos en el bumper trasero. El carro frenó en seco. Tres hombres bien vestidos se bajaron. Uno de ellos tenía una camisa negra muy ajustada que dejaba verle los pectorales, el otro era un negro y bueno, no recuerdo si quiera como se veía el tercero. Dos de ellos ignoraron a las chicas y corrieron justo a donde estaba. Me atinaron varios puñetazos en la cara. Caí al suelo con sangre deslizándose por mis labios. 

«Demonios» susurre mientras intentaba incorporarme, pero otro golpe en el ojo izquierdo me tumbo de nuevo. No entendía lo que los hombres gritaban, algunos impropios. Tonterías. Mi mirada estaba fija en Eva detrás de ellos. Esa hermosa mujer sólo miraba la escena con indiferencia, su amiga de tanto, parecía un poco más escandalizada. Veía la inseguridad de socorrerme o no, en la forma en que se movía. 

Sentí otra patada en las costillas.

«Mierda». Qué estaba pasando conmigo. Me desconocía totalmente. En medio de la paliza tuve un momento de lucidez: Ella, era la emoción que siempre quise. 

—Eva… espera —susurré mientras sentía como todo el cuerpo me dolía. La vista se me nubló y de pronto todo desapareció a mí alrededor.

miércoles, 20 de enero de 2016

El regreso de una Hermosa Mujer II

Resentimientos


¿Qué clase de mierda era esta? 

Siempre había creído que la vida era una ironía en sí misma. Una burlesca ironía. Y ahora lo estaba comprobando. Se reía a carcajadas de mí, poniéndome entre el sexo casual y yo,  a una hermosa mujer. Pero no cualquier hermosa mujer, era quizá, la más hermosa que hubiese conocido a lo largo de mi vida. Y lo peor de todo, es que ese cabello rubio que llegaba hasta sus senos, la sonrisa simétrica, el azul de sus ojos, el aroma a frutos rojos de Victoria Secret y marihuana, aún estaban latentes en mis recuerdos. Lo admito, jamás la había superado. 

—¿Ustedes se conocen? —preguntó inquieta la chica de cabello negro, tras notar las miradas amenazantes que se cruzaban de su lado al mío. 

—Por desgracia —contestó Eva con una sonrisa—. Mejor vámonos a otra parte.

Me quede como un tonto anonadado viendo como la chica que pretendía se levantaba para ir tras su amiga. 

«Por desgracia» repetí en voz baja para mis adentros. Y bueno, qué más podría haber dicho; “que maravillosa sorpresa”, “estoy encantada de volverte a ver”. Tonterías. La última vez que supe algo de ella, fue en la cama mientras me acostaba con su hermana menor. Que no era ni la sombra de su belleza. 

Grave error. 

En mi defensa: lo supe demasiado tarde. 

—¿Está es mi recompensa por cuidarte mientras estabas sola? —casi que grite a la chica de cabello negro a la que no me interesaba conocer, mientras caminaba a la salida. No podía aceptar la derrota así, y mucho menos la humillación que sentía dentro. Eva, podría ser la mujer más hermosa del mundo, quizá, la única que me hacía temblar las piernas. Pero no pensaba ceder.

La chica se giró para mirarme con el rostro consternado. Lo había logrado, llamar su atención.

—Ven con nosotras —me invitó sonriendo. El licor siempre las vuelve más sociales y arriesgadas. Eso era algo que había descubierto con tantas noches.

Eva puso los ojos en blanco y continuó caminando sin su amiga.

Yo ahogué una sonrisa y me acerqué a la chica que desconocía. Se había convertido en algo personal, ya no lo hacía por el deseo sexual que me invadía cada noche de soledad, sino, porque era la única forma de estar cerca de Eva nuevamente. Sí, lo sé. Ella era la emoción que estaba buscando hace muchos años. 

—¿Cómo se conocen? —preguntó la chica mientras recorríamos las calles iluminadas por los faros de los vehículos que pasaban. El sur de la ciudad era muy concurrido debido a los bares y discotecas lujosas que allí se apilaban. 

—Es una linda historia sabes —dije en voz alta para que Eva quien iba más adelante probablemente enfadada, escuchara. 

—Sí, bastante linda —respondió con sarcasmo. 

—¿En serio? —preguntó incrédula la chica. Definitivamente era bastante tonta. Está vez, no pude disimular reírme. 

Eva se detuvo y se giró para encararnos. Tenía las cejas fruncidas y los labios rígidos. Sus ojos claros destellaban, nunca la había visto tan molesta. Pero encantadora. Tenía las mejillas rojas y las orejas también. Su perfección se podía apreciar en diferentes perspectivas. 

—¿Por qué no te vas? —sugirió. Su voz, aunque con fuerza, seguía teniendo ese tono encantador que derretiría cualquier actitud frívola que pretendía. 

—Han pasado cinco años desde que te vi la última vez. Creo que podemos hablar un rato —empecé—. Además quiero estar con… —mierda, no sabía cómo se llamaba. Y no sólo me estaba dejando en evidencia, sino, que arruinaría mi oportunidad para seguir allí.

«Maldita sea».

—Lo vez —Eva intervino, siempre oportuna, lista e inteligente para hacer evidente lo invisible—, ni siquiera le importa tu nombre.

La chica de cabello negro me miró con las cejas arqueadas. Ella se veía como un mamarracho al lado de Eva.

—Ha sido el Ron, lo juro —me defendí.

—No —la chica de cabello negro parecía decepcionada—. Ni siquiera me lo has preguntado. 
Eva se echó a reír, su amiga no era tan tonta después de todo.

—Facundo, no dejas de ser el mismo idiota de siempre —apuntó.

Fruncí los labios y deseé de corazón no haber dicho lo que la rabia arrojó de mi interior. 

—Sabes, es curioso... eso mismo me lo dijo alguna vez tu hermana en la cama.

martes, 19 de enero de 2016

El regreso de una hermosa mujer I

Whisky


Allí estaba yo. Sentado en la barra del bar con un vaso de whisky en la mano. Mirando fijamente a una chica de cabello negro y ojos oscuros, tenía el vestido fruncido al cuerpo sudado por la aglomeración de personas en el bar. Sí, la verdad era que esperaba terminar la noche en medio de sus piernas. No se veía muy lista, tenía una botella de ron entre las manos y parecía esperar a que alguien la abordara. ¿Qué más haría una mujer en un bar de música Americana bebiendo sola? 

Al cabo de un rato me miró y se percató de que la estaba viendo. Le sonreí sin dejar de observarla. Quería que sintiera que había una conexión inexistente entre los dos. No le diría mi nombre, no sabría nada de mí. Sexo, licor y un sutil adiós. Ese era el plan. 

Le di un trago al vaso de whisky y medité por un momento. ¿Habían pasado ya tantos años desde la última vez que me enamoré? ¿Habían pasado ya tantos años desde que era un mocoso con inseguridades?... Allí estaba yo. En un bar de alta alcurnia esperando que algo emocionante me sucediera. Esa era la verdad. Mi verdad. Quería que algo emocionante me sucediera desde hace años. Mi trabajo era una porquería, no toleraba a mis compañeros. No era nada de lo que había soñado, de lo que me había imaginado cinco años atrás. Lo que quería para mí. Filosofía, café, y amor. En cambio, tenía soledad, alcohol, y sexo casual. ¡Já!, muchos desearían esa vida. Bueno, ese no era yo, yo no la deseaba, pero aun así, no tenía nada más que perder. 

No tenía ni la más puta idea de quién era ahora. 

«Sigues pensando estupideces» concluí y me bogué lo que quedaba del whisky. Me levanté de la silla y caminé con seguridad donde se encontraba la chica de cabello negro. Bajó la mirada cuando se enteró de mi intención por acercarme. Era una chica tonta después de todo. 

—Hola —la saludé, ella alzó la vista para mirarme—. Se me acabo el whisky y me preguntaba si podrías brindarme un poco de Ron. 

Ella asintió con la cabeza y sirvió en una copa. 

—¿Vienes sola? —le pregunté mientras me bogaba el trago.

—No, quede de encontrarme con una amiga aquí. Pero está tardando demasiado —no apreciaba bien su voz, la música estaba muy alta. Pero algo era seguro, la voz de Freddie Mercury era más sensual que la suya.

Luego, me fije en su rostro, no mentía. Chica tonta después de todo. 

—Quizá te pueda acompañar en tan tediosa espera. 

Ella sonrió.

Me senté a su lado. Le pregunté bobadas que no me interesaban. Ella reía y cada vez se veía más abierta a la hora de contestar. Sin embargo, nunca le pregunté cómo se llamaba, eso implicaba que deseaba saber quien era. Y la verdad, me importaba una mierda. 

 —¿Y tú quién eres? —me preguntó y sonreí. 

¿Por qué era tan duro para algunas chicas aceptar las casualidades, follar y despedirse? Es cuestión de hormonas. Pero no, creen que el amor puede estar allí. Bueno, en realidad no sólo ellas. Creer que el amor puede estar en cualquier lugar, sin importar que fuese un tonto bar, y ebrios, era de verdad una tontería. 

—Alguien que puede decirte quien eres —ella se impresionó. Yo hice un ademan con las manos, exhibiendo la soberbia y la petulancia que había adquirido en los últimos años. La observé de arriba abajo—. Estas muy elegante para hacer planes en un bar como este. Muy bien maquillada y tienes el cabello arreglado. Vienes de otra parte, quizá por la botella, y la decepción en tus ojos, probablemente el chico con el que salías te plantó —hice un gestó con los ojos—. Es muy triste, lo lamento.

—No estaba saliendo con él —respondió sorprendida—. Era la primera cita —corrigió.
Me contuve de reír.

—No te preocupes. Ahora estás en una cita conmigo —dije.

Me levanté y me acerque a ella. Acaricié su mejilla y le sonreí. Vi como adquirían un color rosado su rostro. Estaba intimidada, y esa era la señal final. 

—¿Quieres ir a mi casa? —hace un año vivía solo. Y aunque no era un apartamento de lujo, tenía todo para sobrevivir de la soledad allí. Y si le sumabas mujeres al azar, entonces no todo era tan malo.

—No creo que quiera ir a tu casa —dijo una voz muy cerca de nosotros.

—¡Eva! —la saludó emocionada la que pretendía fuese mi compañera nocturna—. ¡Qué bueno verte!.

Me quedé atónito. 

¿Era posible que la mujer más hermosa que había conocido nunca hubiese aparecido de repente? 

lunes, 11 de enero de 2016

Destinado a no ser...


Creo que todos hemos tenido amores, gustos y atracciones no correspondidas. Es un suceso diario, un pan de cada día. No existe la primera persona que tenga un cien por ciento de eficiencia emocional. Y es un asco no poder tenerla ¿no?... Creo que a todos nos ha pasado que nos gusta tanto alguien que incluso creamos estrategias para conquistarla, jugamos a enamorarnos, Pero no es más que eso.

Y no siempre es la indiferencia lo que el otro trasmite, a veces no eres más que invisible, y por supuesto la carencia de conexión. Porque no nos digamos mentiras, si te están siendo indiferente es que probablemente tienes algo que desagrada mucho y cuando digo mucho, es que deberías considerar hacer ciertos cambios. En cambio, cuando eres invisible, es porque en la mente del otro, no serás más que un amigo. Eres chevere, sincero, divertido, pero créeme, no excitas ni a una piña. Luego, esta la falta de conexión. Pueden gustarse, atraerse, pero ni tus pensamientos se complementan y pueden llegar incluso a discernir en todo lo que es el otro. Una estupidez. Sin embargo, pueden terminar un día en la cama, y al día siguiente, usar Tinder para encontrar otras personas. 

Sin embargo, no hablamos de eso. Estamos hablando cuando en realidad la vida misma te da señales de que eso no puede suceder y sin embargo las ignoras, intentas con todas tus fuerzas hacer que funcione. Ser optimista, te ilusionas, creas fantasías, y lo intentas. Pero como es bien sabido, no estamos en un cuento de Disney, y la vaina no resulta, lo arruinas por completo. Acabas decepcionado. ¿Por qué? Quizá, sólo es una cuestión de elección. Sí, elegimos mal en quien fijarnos. A mi en realidad, me ha pasado, suelo fijarme en mujeres absurdamente inteligentes que saben de ante mano, que no soy su un futuro prometedor. O en su lugar, mujeres que están completamente locas. Y las señales estaban allí, por ejemplo cuando su libro favorito es de Walter Riso. Pero hablamos de una generalidad, no de mí. La verdad es que, esta destinado a no ser, cuando te fijas en esa persona que tiene un pasado inconcluso, un ex novio insuperable, una persona en la que ha dejado su corazón y no tiene nada más para ofrecerte a ti, que podrías ser un gran partido o en su defecto, ya esta en una relación que normalmente es complicada, y ves en su pareja, un antagonista. Un cretino que no la valora, o si eres chica, una estúpida perra, creída, y bruta (exageramos siempre los defectos de nuestro rival). Probablemente seriamos mejores parejas, la que esa persona no olvidaría, sólo por una razón: es lo que más deseamos en ese momento. Tanto, que nos lleva a intentar ser su mejor experiencia. Y eso, es un mérito, algo que debe aplaudirse. 

Al final, esas amores, atracciones y emociones no correspondidas, son sucesos que necesitamos experimentar para darnos cuenta, de quién carajos somos y lo que en realidad queremos para nosotros mismos. Cliché, sí. Pero no por ello, mentira. 

martes, 24 de noviembre de 2015

¡Largarse!

@Lenfert - Pinterest

Hoy es uno de esos días que deseo desaparecer, y estoy seguro que usted ha tenido días como esos. Días donde todo lo que puede ver de sí mismo es un fracaso. Recuerdas cada oportunidad que has tenido para intentar ser feliz, y la has desechado. Inconscientemente crees que no mereces ser feliz por todas las tonterías que has hecho antes. Una estupidez después de todo... Sin embargo, esa soledad que te embriaga en las tardes silenciosas, y en las noches de lluvia, terminan siendo abrumadoras. 

Pero saben, medité un momento, y supe que era lo que de verdad quería. Quería alejarme de la realidad que me atropella a diario. Recuerdos innecesarios que se encuentran contigo por el camino que siempre tomas para llegar a casa, Imágenes borrosas por el tiempo que se topan contigo en cada esquina de tu ciudad. Entiendes que no has cambiado, que todo sigue siendo lo mismo de siempre y que lo único que en verdad queda por hacer, es irse. Largarse muy lejos y olvidarlos a todos... Esa es la pura verdad, es la única forma de volver a vivir, a enamorarse, a conocerse, a encontrar nuevas miradas cautivadoras, sonrisas alentadoras, y motivación para llegar a ese lugar que vislumbraste por primera vez cuando eras tan sólo un pequeño. 

Lo único que queda por hacer, es en realidad, largarse muy lejos de aquí donde nada sea un recuerdo y cada paso sea un evento diferente, desconocido, y esperanzador. 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Dialogo I: Confusión

Ella estaba acostada con él, hablándose muy cerca a la cara. Mirándose a los ojos empañados de lágrimas, pero sonriendo. Recordando la razón por la que se querían. 
—Te puedo decir algo —dijo él. 
Ella suspiró. 
—Espero que cuando quieras irte —empezó él—... Me lo digas de la forma en la que estamos hablando ahora. Y créeme —él pensaba que su acto era desinteresado—... yo entenderé y te daré todo el tiempo que necesites.
—Eres un idiota —respondió ella y las lágrimas que derramaba ahora eran de dolor y angustia—. De verdad eres un idiota —ella se levantó de la cama, tomó sus cosas y se largó de allí.
Él confundido no entendía que había pasado. Cerró los ojos y suspiró. Siempre terminaba arruinándolo, volviendo todo un drama, pura mierda. Y mientras se lamentaba, entendió que nadie espera pensar en el final, ni siquiera mencionarlo en el momento donde el corazón esta abierto esperando quedarse así para siempre. 

jueves, 27 de agosto de 2015

Ciclo cerrado - Parte Uno.

Después de tantos años, hoy finalmente logré culminar un ciclo, una etapa de mi vida que me carcomía por dentro. Una relación que me llenaba de rencor y tristeza en los últimos meses. No diré que el amor es una mierda o apesta. En realidad, es todo lo contrario me enseñó a ser mejor persona y a tener imágenes invaluables tatuadas en el corazón. Sin embargo, todo se había dado hace muchos años atrás para que terminará y a mi pesar, no lo aceptaba. Me aferraba a la esperanza, creía en la literatura, y en las historias que contaban algunos, sobre dos personas que a pesar de estar tan lejos uno del otro, terminaban por estar juntos. Incluso no permití que sus limitaciones y contrariedades sentimentales me detuvieran porque según la moraleja: El amor lo vencía todo. Y tenían razón, el amor me venció a mí... Me dejo sin ganas de luchar más, sin ganas de si quiera pensar en la posibilidad de ser feliz junto a ella, y con un enorme vacío que iré llenando con amigos, cine, drogas, alcohol, videojuegos, chocolates, sexo y otras mujeres. Hasta saciarme y encontrarle de nuevo sentido a otros ojos, a otra sonrisa, a otro cuerpo.


Ya había tenido la experiencia de sentir esto antes, abatido, desesperado, melancolico, triste, y arrepentido. Pero hoy, aunque sienta todo eso, lo que es innegable, tengo la tranquilidad de haber cumplido con lo que me prometí hace tanto tiempo. Me transforme en la mejor versión de mí, y ofrecí todo lo que tuve a mi alcancé. Ahora, aunque debo ser sincero, no me queda nada... Eso prevalecerá en mí, y podré disfrutar con madurez de las experiencias que me esperan. Si no me espera ninguna, y renuncié a la única persona que estaba destinada para mí, lo que es una posibilidad siempre que algo termina, entonces, créanme, aprenderé a estar solo. No soy Efrain, ni mucho menos María, no tengo la sensibilidad de Jorge Isaac, así que mucho menos, moriré de amor... o eso creo. 





viernes, 3 de julio de 2015

Mis sueños..



Yo tengo sueños como cualquier persona en el mundo. Sueño con la graduación universitaria mientras mis padres sonríen orgullosos. Quiero escribir muchos libros, novelas de terror y de amor, sentimientos que a diario vivo en mi mente. No deseó tener mucho dinero, pero el suficiente, para viajar a otras partes y confrontarme culturalmente. Me encantaría estar en los festivales más importantes de música... Beber café en París, y estar en medio de la lluvia, arte y la comida de Florencia, Italia. 

Sueños, como los de cualquier persona en el mundo.

Sin embargo, también sueño a diario tu rostro. Con tomarte de la mano en la calle, acariciar te levemente la cara y darte besos tiernos en las noches. Quisiera tener un anillo en mi dedo, que represente que soy tuyo, y ver el tuyo en el dedo, representando que eres mía. Aunque las personas no son un objeto, sería una lindo símbolo para dos corazones que decidieron entregarse; un acto de romanticismo porque en realidad, no creo mucho en el matrimonio. De tanto, desearía más que cualquier cosa en el mundo, tener tu cuerpo a la penumbra, a la luz del día, ante la lluvia, en todo momento sin discriminar la hora, el lugar, o la fecha.

Hacer el amor en cada playa que conozcamos juntos, en cada bar donde decidamos embriagarnos, y sobre todo, recorrer tantos lugares con tus lunares, como mi boca recorrería a diario cada centímetro de tu piel bronceada...

Sueños, que nacieron hace muchos años ya... 

miércoles, 1 de julio de 2015

Brutas!

Aleida - Vladdo

Ese hombre no le conviene si desde hace meses, lo único que le regala son malos momentos, lágrimas de noche, palabras ofensivas, buscando quebrarla, demostrarle que tiene el control. Usted querida amiga, esta muy grande para andar guevoniando...